La vida en Italia. Retrato de Tonina. by María Torres-Solanot

Tonina en el "Mercato Coperto", Perugia, Italia. Foto: María Torres-Solanot

Tonina en el "Mercato Coperto", Perugia, Italia. Foto: María Torres-Solanot

Tonina trabaja todos los días de la semana en su puesto en el "Mercado Coperto" de Perugia. Ofrece hortalizas y flores de la tierra. Bruno, su marido, los cultiva siguiendo la tradición familiar. Una labor que ha estado a punto de desaparecer, y que ahora con la crisis vuelve a resurgir.

Guerreras kurdas detrás de la cámara by María Torres-Solanot

“Ser la voz de la mujer en el mundo”

es la misión que tienen las periodistas kurdas que componen la agencia de noticias

Jinha News Agency  en Diyarbakir,

la capital del kurdistán turco.

Zehra está lista para ser retratada. Sujeta con sus manos la imagen de Arin Mirkan, la joven guerrillera kurda de las milicias del YPG que dirigió en 2014 una unidad que liberó a 200 civiles durante una batalla contra el ISIS en una aldea los suburbios de Kobane, la ciudad que recientemente ha sido liberada por las fuerzas kurdas.

Tras la victoria y horas de disparos, al verse cercada por el enemigo, la joven de veintidos años se inmoló para evitar ser capturada, violada y torturada por los yihadistas.

“Es una heroína y un orgullo para todas nosotras”, me dice Sherin Hisso, periodista siria que salió huyendo de la guerra en su natal Rojava, la zona kurda de Siria. 

Sherin y Zehra son periodistas y trabajan en Jinha News Agency, un medio de comunicación en internet creado por mujeres kurdas en Diyarbakir, la ciudad con mayoría de población kurda en Turquía. Comparten este proyecto con veinte mujeres más, entre personal fijo y colaboradoras corresponsales en la zona kurda de Siria, Irak e Irán. Periodistas, fotógrafas y editoras, todas son mujeres. Se financian gracias a un sistema de suscripción.

Viven cada día en un contexto dominado por el machismo, la ley del más fuerte, los códigos de conducta de la “tore” o ley kurda, y los crímenes de honor. Ellas no se acobardan. Se han quitado los velos y se han armado de valor contra los prejuicios de su cultura basada en la sumisión al hombre y al clan familiar.

En la entrada de la agencia, las fotos de guerrilleras kurdas que decoran la pared conviven con un retrato de Virginia Wolf. En la sala de redacción, a primera hora de la mañana, se sientan todas alrededor de una gran mesa alargada y repasan en sus ordenadores la agenda del día.

 La editora jefe se comunica conmigo en kurdo mientras teclea en su ordenador en la página del traductor de Google : “Ninguna de nosotras practicamos ninguna religión, no estamos casadas, ni queremos estarlo. Queremos ser independientes, apoyar a la mujer con nuestro trabajo, y dar a conocer la vida de las mujeres kurdas”.

Historias de inmigración en el Kurdistán, reportajes de mujeres refugiadas de la guerra en Siria, las últimas noticias de las guerrilleras kurdas en Kobane y declaraciones de activistas por la paz y la libertad de la mujer son algunos de los temas que tratan,  “presentándolos siempre a través de los ojos de la mujer y eliminando el sexismo del lenguaje”, recalca Mekiye Gorenç, la editora jefe de la agencia.

 Valores como la estética, la belleza y la cooperación, así como focalizarse en la parte intelectual de la mujer frente al estereotipo impuesto y heredado, son esenciales en su ideario.

Sarya, otra de las periodistas que está a punto de salir a la calle para cubrir sus informaciones del día, escoge para ser retratada un libro sobre la biografía de la legendaria cantante kurda Eyse San, cuya familia le impedía cantar en público. Es un mito para esta cultura y especialmente para las mujeres. Pagó un alto precio su libertad y dedicación a la música: el alejamiento de sus familiares y seres queridos.

Las mujeres de Jinha, al igual que la cantante Eyse con la vozy las guerrilleras del YPG con sus kaláshnikov en el frente sirio, combaten por la libertad de las mujeres de su tierra.

Sus armas: la palabra y la cámara.

Jericó: una ciudad abandonada en medio del desierto by María Torres-Solanot

 

Amanecer en Jericó, una ciudad en medio de un desierto palestino, cerca del mar muerto y envuelta en calor y arena. Una de las más antiguas del mundo y ahora rodeada por las fronteras. Sus habitantes hacen todo lo posible por mantenerla con vida y devolverle el lugar que merece. Dicen que en las noches de luna llena pueden tocarla con la mano.

Foto: María Torres-Solanot ©

Foto: María Torres-Solanot ©

Palestina: la llave del retorno by María Torres-Solanot

Foto : Kafra, palestina refugiada por años en el campo de Dheisheh en Belén (Cisjordania).

Texto e imagen: María Torres-Solanot © 

Las manos de Kafra se abren para mostrar una llave. Es la llave que abría la puerta de la casa donde nació. El símbolo del deseo de retorno al hogar que todo palestino refugiado conserva.

Motasem Al Alfande, el nieto de Kafra, dice que su abuela vino al mundo hace 117 años en Dayr Aban, una aldea palestina a pocos kilómetros de Jerusalén, un lugar que ya quedó lejos.

Sigue leyendo el reportaje completo en Palestina Libre.

La mirada transparente de Kalid by María Torres-Solanot

Kalid extiende su mano a través de los barrotes de la cama de la habitación del hospital "Al Makassed" en el Monte de los Olivos, Jerusalén. Busca la cara de su madre Rahma, que le conforta con su calor, sus besos y su amor. Kalid tiene los ojos negros, muy grandes y a sus seis años su mirada está perdida y habla de congoja y dolor. Fue trasladado hace unos días desde la ciudad palestina de Gaza, tras resultar herido en uno de los ataques del ejército israelí. La habitación está llena de maletas, de ropa amontonada. El techo que protege a madre e hijo es ahora este pequeño cuarto de hospital, que comparten con un bebé de un mes, que espera a ser operado de corazón. Este pequeño es hermano de dos niños que perdieron la vida en la playa de Gaza durante otro ataque israelí. Su tía lo cuida. Rahma le ayuda a atenderlo y Kalid, con su mirada transparente, la sigue por la habitación.

Jerusalén, agosto 2014.

Texto y foto: María Torres-Solanot ©

Kalid de seis años, herido en Gaza, junto con su madre, Rahma, en el hospital "Al-Makassed" en El Monte de los Olivos, Jerusalem. Foto: María Torres-Solanot ©

Kalid de seis años, herido en Gaza, junto con su madre, Rahma, en el hospital "Al-Makassed" en El Monte de los Olivos, Jerusalem. Foto: María Torres-Solanot ©

La guerra siempre es una tragedia by María Torres-Solanot

Familiares de víctimas de francotiradores en Kiev (Ucrania). Foto: María Torres-Solanot

Familiares de víctimas de francotiradores en Kiev (Ucrania). Foto: María Torres-Solanot

La guerra siempre es una tragedia, un terrible fracaso de la humanidad. Ya no sólo por lo obvio -muerte y destrucción-, sino también por sus consecuencias que se prolongan al infinito...y el odio. En la guerra no hay vencedores ni vencidos, en la guerra pierden todos.
— Ryszard Kapuscinski

La música nómada de Boris el kobzar. by María Torres-Solanot

Boris, músico cosaco en el Maidan de Kiev, Ucrania. Foto: María Torres-Solanot ©

Boris, músico cosaco en el Maidan de Kiev, Ucrania. Foto: María Torres-Solanot ©

Cánticos y sonidos melancólicos llaman mi atención mientras cruzo el campamento del Maidan en Kiev. Un regalo para los oídos que proviene de un gran laud, un precioso instrumento de cuerda llamado bandura que toca Boris, un kobzar, un músico cosaco itinerante que continúa la tradición oral de cantor y contador historias. Los kobzar, que solían ser ciegos y nómadas por tradición, cantaban poemas épicos e himnos sagrados. Desaparecieron durante el mandato de Stalin y tras su muerte volvieron a resurgir. Boris me enseña un cuaderno con sus cantares en ucraniano y me escribe el nombre del instrumento en un papel: la kobza-bandura, tocada en Ucrania desde el año 500 aproximadamente. Su sonido me transporta a otra época y me hace olvidar que estoy en un campamento de guerra. 

Nadia en el Maidan: la mirada que escucha by María Torres-Solanot

La hora mágica en Kiev. Últimas luces de la tarde y Nadia llega al Maidan. Camina sola y se para enfrente del escenario. Imágenes de soldados en Crimea aparecen en la enorme pantalla de televisión. Se acerca a un grupo de gente que habla sobre las últimas noticias. Escucha. No habla. Nadia escucha con la mirada. Busca una respuesta a un presente inseguro y a un futuro incierto. Como ella, muchas otras personas se acercan solas cada día a la Plaza de la Independencia de Kiev. Quieren saber, pero sobre todo quieren compartir. Eso es lo que me dicen los ojos de Nadia, ojos que escuchan, azules como su pañuelo, 

Nadia en el Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Nadia en el Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Sopa de remolacha al fuego de leña by María Torres-Solanot

Huele a leña quemada, a carne y a vegetales cocidos. Un intenso humo sale de un enorme caldero negro. Reposa sobre una fogata que va dando vida a un mágico caldo, que sirve para sobrevivir al frio de Kiev. La sopa de remolacha o borsch es uno de los platos más queridos de la cocina ucraniana. Huesos, carne ahumada, zanahoria, patatas, tomate, hierbas y sobre todo remolacha, que es la que le da el color rojo, componen la receta. Bronislao se frota las manos y espera paciente en una larga fila a que le llegue su plato en una de las cocinas que hay montadas en el campamento del Maidan. Sirven menús mañana, tarde y noche. Platos cocinados al fuego de leña para quien quiera, para quien lo necesite. Es gratis. Una ración de calor y la vivencia de compartir en un campamento que se niega a desaparecer.

Retrato de Bronislao. Maidan. Plaza de la Independencia de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Retrato de Bronislao. Maidan. Plaza de la Independencia de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Cocina al fuego de leña en el campamento del Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Cocina al fuego de leña en el campamento del Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

1 de abril en el Maidan de Kiev: la nieve que se abrasa by María Torres-Solanot

Primero de abril. Retrato de ambiente en el Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Primero de abril. Retrato de ambiente en el Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Huele a madera quemada y la ventisca golpea en la cara. Karen, armenio residente en Kiev, recorre apresurado una de las entradas atrincheradas a la plaza de la Independencia. Ve la fogata sacudida por el viento en la papelera y no lo duda un minuto. Saca su teléfono del bolsillo, con las manos temblorosas le quita la tapa, coge la batería y la acerca a la llama. En pocos minutos, la señal de energía en la pantalla se ve que está ya a la mitad. Para asegurarse, hace una foto de la escena con el móvil: la nieve que se abrasa. 

La fragilidad y los chalecos antibala en Kiev. by María Torres-Solanot

Lenin es fotógrafo en el Maidan de Kiev. Sus armas son una vieja cámara réflex soviética, la Zenit EC, que está en perfecto estado, y un objetivo 300 montado sobre empuñadura. Su defensa es un casco pintado que no se ha quitado desde el inicio de las revueltas.

Lenin, fotógrafo en el Maidan de Kiev con su Zenit EC. Foto: María Torres-Solanot ©

Lenin, fotógrafo en el Maidan de Kiev con su Zenit EC. Foto: María Torres-Solanot ©

Lenin, fotógrafo en el Maidan de Kiev con su Zenit EC. Foto: María Torres-Solanot ©

Lenin, fotógrafo en el Maidan de Kiev con su Zenit EC. Foto: María Torres-Solanot ©

Lenin es la imagen de la fragilidad. La fotos las hace ahora para sí mismo. Para no olvidar lo que está pasando en el Maidan y en su país. Frágil como tantos ciudadanos que llegan a la Plaza de la Independencia de Kiev después de su trabajo. Quieren compartir, encontrarse, charlar, visitar los altares de las víctimas y enterarse de las últimas noticias.

La fuerza la tienen los paramilitares que están al cargo de la plaza. Chalecos antibalas, armas de fuego, bates de béisbol y otros objetos de ataque son habituales en la indumentaria de las milicias ultranacionalistas y organizaciones civiles con estructura militar. Ellos son los que tienen el poder en el campamento del Maidan y están aquí, según sus propias palabras, "para controlar al gobierno".

Un paramilitar con chaleco antibalas vigila en una de las trincheras de entrada al campamento. Foto: María Torres-Solanot ©

Un paramilitar con chaleco antibalas vigila en una de las trincheras de entrada al campamento.

Foto: María Torres-Solanot ©

Los lugares tienen memoria by María Torres-Solanot

Unas sencillas telas de saco estampadas con mensajes visuales humanizan un espacio en el que la violencia ha dejado su huella. Están colgadas como si fueran ropa mojada. El recorrido donde el arte de calle está presente en el Maidan de Kiev tiene un aire más ligero y huele diferente. Las miradas de los niños que recorren a diario la Plaza de la Independencia se relajan en este trocito de calle.

Niños caminando por delante del arte de calle del Maidan en Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Niños caminando por delante del arte de calle del Maidan en Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

La creatividad es un pequeño oasis donde las trincheras son las que marcan el territorio y mandan como elemento visual y simbólico en la nueva arquitectura de las calles del Paseo de la Independencia en Kiev.

Barricadas de ruedas desde el Maidan de Kiev hacia la cuesta donde ha habido más víctimas de francotiradores. Foto: María Torres-Solanot ©

Barricadas de ruedas desde el Maidan de Kiev hacia la cuesta donde ha habido más víctimas de francotiradores.

Foto: María Torres-Solanot ©

Trinchera camino a la Plaza de la Independencia de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Trinchera camino a la Plaza de la Independencia de Kiev. Foto: María Torres-Solanot ©

Puente barricada que lleva al Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot

Puente barricada que lleva al Maidan de Kiev. Foto: María Torres-Solanot

Estantería con adoquines y una biblia. Zona de víctimas de francotiradores. Foto: María Torres-Solanot ©

Estantería con adoquines y una biblia. Zona de víctimas de francotiradores. Foto: María Torres-Solanot ©

El cosaco exhausto by María Torres-Solanot

Un viejo soldado cosaco en el campamento del Maidan (Kiev). Foto: María Torres-Solanot ©

Un viejo soldado cosaco en el campamento del Maidan (Kiev). Foto: María Torres-Solanot ©

Implacables y guerreros, el pueblo cosaco, de etnia eslava y costumbres nómadas, sufrió la persecución e intentos de exterminio durante la época soviética. A pesar de combatir en ambos lados de la contienda, fueron acusados de luchar junto al ejército alemán. Ahora, los cosacos ucranianos, de enraizados sentimientos nacionalistas, son una de las fuerzas vivas del Maidan, pero las noticias que llegan de Crimea están minando su moral. El agotamiento que se refleja en el rostro de este viejo soldado es un sentimiento que transmiten muchas personas que al acabar su trabajo, vienen aquí a diario. Como Sergei, un joven que pasea cerca del campamento cosaco y al verme con la cámara se acerca y me dice : "Estamos solos, Ucrania ahora se encuentra debil y enferma. ¿De verdad les importamos a Europa?"

Flores en el muro del recuerdo by María Torres-Solanot

  Tatiana deja un ramo de flores en uno de los altares homenaje a las víctimas del Maidan de Kiev, (Ucrania). Foto: María Torres-Solanot ©

 

Tatiana deja un ramo de flores en uno de los altares homenaje a las víctimas del Maidan de Kiev, (Ucrania). Foto: María Torres-Solanot ©

"Los francotiradores disparaban desde esa casa". Tatiana señala un edificio grande, con muchas ventanas, que hay en una de las cuestas que lleva al Paseo de la Independencia de Kiev. Hoy viene a dejar flores en uno de los altares con forma de pequeña barricada, que perfilan el cielo del Maidan. Le acompaña su memoria y un nudo en la garganta cuando habla.